Creencias que limitan tus pasos y las alas que llevas puestas para volar

“Nuestra herramienta más eficaz para cambiar el mundo es nuestra capacidad para cambiar de mentalidad con respecto al mundo.”

Marianne Williamson

En este preciso momento, todos los que habitamos este planeta estamos en proceso de cambio. Desde el momento de nuestra creación, cambiamos sin cesar. Si tomamos un momento para ver nuestras fotografías nos podremos encontrar a un embrión convirtiéndose en un feto, el crecimiento de un bebe frágil, la danza de una niña traviesa, el estilo de un adolescente rebelde, la sonrisa de un amigo adulto, el abrazo de una madre o un padre protector.  Podemos observar el paso de los años en nuestra apariencia física. El cambio de color de nuestro cabello, o las marcas en nuestra piel. Pero también podemos recordar cómo era nuestra forma de actuar, de hablar, de percibir las cosas. Podremos notar que no existe la permanencia en lo que conforma nuestro Yo de hoy. Observaremos que la naturaleza del vivir es cambiar y su grabado esta en la evolución de nuestro ser.

Sin embargo, solemos resistirnos al cambio una y otra vez. Queremos quedarnos atrapados en historias concretas de situaciones pasadas pretendiendo hacer del tiempo una ilusión. ¿Porque lo hacemos? Diría que la principal respuesta es qué detrás de la resistencia, existe una creencia. ¿Y para qué lo hacemos? ¿Cuál es el beneficio que buscamos al resistirnos al cambio? Observándome concluyo que es un tanto conservar el apego a nuestro niño interno, darle la vuelta a nuestros miedos, evitar, aunque sea temporalmente la tristeza, o quizás un sentido de supervivencia de nuestro yo actual.

Te invito a reflexionar sobre las creencias que impactan nuestras vidas y nuestra visión del mundo de una manera paralizante. Además, repasar recursos que a través del Coaching se utilizan para trabajarlas de manera que se pueda empezar un proceso de liberación y se provoque el impulso para una vida de menor resistencia al cambio y mayor enfoque al logro de objetivos.

Se dice que el significado no está en las cosas. El significado se lo damos nosotros con nuestra percepción. En el caso de las creencias, según el valor que les demos estas se desvanecen o se potencian con el tiempo convirtiéndose en limitaciones impuestas o catalizadores de cambio. Las creencias no solo impactan la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, si no también nuestra interacción con nuestro entorno y la forma en que lo interpretamos.

Estas creencias en muchos de los casos las adquirimos por herencia. Inculcadas por todas aquellas personas que estuvieron a nuestro cuidado cuando éramos pequeños y que nuestro cerebro fue absorbiendo de cualquier forma que hayan sido transmitidas. Pudieron ser transferidas de una forma verbal, o a través de comportamientos. Representadas a través de arquetipos, como por ejemplo leyendas, cuentos y novelas. Compartidas culturalmente a partir de refranes, supersticiones y música. Inclusive se cree que las creencias se transmiten por medio de nuestro ADN donde se encuentra la memoria de creencias que tenían nuestros ancestros.

Además de ese cúmulo de creencias heredadas, cada uno de nosotros adquirimos las creencias propias. Las construimos en base a nuestra “verdad” experiencial en los diferentes aspectos de la vida. Aparecen como aquello q hemos creído sin cuestionarlo y que se convierten en nuestras propias generalizaciones y/o conclusiones con las cuales percibimos el mundo y tomamos decisiones.

Las creencias se les juzga como poderosas y limitantes. Las primeras nos impulsan, motivan, nos generaran un sentimiento de paz, de amor, de logro. Las segundas como su nombre lo indica, y de las cuales hablaremos aquí, nos limitan, contradicen, invalidan, nos generan resistencia al cambio y provocan sentimientos de ira, miedo, tristeza y ansiedad.

Hay varias formas de reconocer nuestras creencias. Podemos observarlas en nuestras conductas, emociones, valores, opiniones y argumentos. Algunas se presentan en forma de excusas. Otras empiezan con formato “Yo soy…” Las creencias se encuentran cuando generalizamos con palabras como: siempre, todos, nunca, ninguno, nadie y jamás. Otras a través de condicionantes como: no puedo, puedo, debo de, no debo, tengo que, no tengo. Y otras más las podemos observar cuando se hacen presente de una forma fisiológica a una contradicción interna al pensarlas o expresarlas, como taquicardia, sudoración, insomnio, ansiedad, cambio de tono de voz, contracción de músculos y llanto.  

Frases que me noto o noto con más frecuencia en mis relaciones interpersonales, y que llevan una creencia detrás:

De salud:

Mi abuela y mi madre murieron a esta edad entonces ya sé que me espera.

En mi familia existe “x” enfermedad segura me tocará.

Yo no puedo bajar de peso porque así es mi complexión, es la genética de mi mama.

De trabajo:

Si no trabajo, no como.

Debo de trabajar duro para que me reconozcan y tener una vida mejor.

Todo lo que haga y hagan los demás tiene que ser perfecto.

Hogar:

El padre es el encargado de proveer, la madre del cuidar de los hijos.

No tengo tiempo, debo cuidar de mis hijos/traer el dinero a la casa.

Soy egoísta si hago algo para mí. La familia es primero.

Dinero:

Sin dinero no se puede vivir.

Eso es para ricos, para mí es muy arriesgado.

El dinero es para gastarlo.

Relaciones:

No me lo merezco, el debería pensar un poco en mí.

Los hombres no escuchan/ las mujeres de todo se quejan.

Cuando se ama hay que darlo todo.

Sueños/Deseos:

No tengo lo que se necesita para triunfar, me falta mucho por aprender.

No tengo el talento o las habilidades para lógralo.

Tendría que ser millonario, eso no es para mí.

El mundo:

Esa no es mi responsabilidad.

¡Qué puedo yo impactar al mundo si soy uno en billones!

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Yo:

Así soy, al que le guste bien y al que no también.

No soy suficiente.

Es muy difícil para mí, no tengo voluntad.

¿Proyectamos lo que creemos no es así? ¿Entonces porque nos aferramos a estas creencias? ¿Qué beneficio vemos en ellas?

El primero pienso es el apego al niño interior que llevamos dentro. El niño que quiere ser defendido, protegido, guiado, aprobado. A muchos de nosotros se nos educó a depender emocionalmente de otros. Se nos enseñó a obedecer y a creer en nuestra validación por el hecho de hacer no de ser.  Por lo tanto, la gestión de nuestras emociones o el reconocimiento de nuestros propios valores y capacidades no es un tema que tengamos dominado. La atracción a cualquier medio que nos libere temporal o permanentemente de la responsabilidad de nuestro actuar, pensar y sentir; nos evite el sufrimiento, y nos aleje del miedo será nuestra elección en automático como patrón aprendido.

Y la segunda es la supervivencia de nuestro YO actual. La ilusión del “así estoy bien, podría ser peor” nos ha ensenado a victimizar el pasado y dramatizar el futuro. Hemos visto que podemos caminar con la piedrita en el zapato que, aunque incomoda, hemos creado tolerancia a esta. Tal vez alguien externo se dé cuenta algún día y nos ayuda a quitarla. Nos falta el reconocimiento de nuestra verdadera identidad, de nuestro propio poder para tener confianza en que no solo el ritmo natural de la vida genera cambios, sino que también nosotros somos capaces de generarlos. Y no se trata de supervivencia sino de evolución.

No obstante, cuando una persona sobrepasa su nivel de aguante, cuando su coraje y sufrimiento son mayores que el miedo al cambio, entonces hay una apertura a cambiar creencias. En ese momento nos abrimos a buscar, a experimentar, a reflexionar qué es lo que nos hace sentir así. Nos damos cuenta que actuamos en base a creencias. Y que hay creencias que no funcionan, que invalidan, y detienen nuestra evolución. Observamos cómo han impactado nuestra salud, nuestras relaciones con el mundo, nuestro bienestar y prosperidad. Y ahí es cuando decidimos que no importa más perder lo que se tiene ahora, y que el miedo a la incertidumbre del mañana, no es tan grande comparado con la necesidad de liberarse del tormento. Entonces se empieza a mirar hacia adentro. Es tiempo de cuestionar, soltar el apego, el victimismo, la culpa, las creencias de escasez y de falta de responsabilidad. Decidimos redirigir nuestra vida.

¿Entonces cómo podemos cambiar esas creencias paralizantes por alas?

Cambiar la percepción. Cuestionar nuestras interpretaciones sobre algo o alguien es una opción. Según Marianne Williamson en su libro Volver al Amor nos dice:

Nuestra percepción de nosotros mismos determina nuestro comportamiento. Si creemos que somos criaturas pequeñas, limitadas, inadecuadas, tenderemos a comportarnos de esa manera, y la energía que irradiemos reflejará esa creencia, no importa lo que hagamos. Si pensamos que somos criaturas magníficas, con una abundancia infinita de amor y de capacidad de dar, entonces tenderemos a conducirnos de esa manera, y la energía que nos rodee reflejará nuestro estado de conciencia.”

A continuación, te paso algunas herramientas que yo misma he trabajado para cuestionarme algunas de mis creencias más demoledoras y que me han brindado luz en el camino de mi exploración interna. Pero si tienes la posibilidad, este tipo de trabajo te recomiendo hacerlo de la mano de un coach. Para mí ha sido un proceso totalmente transformador.

1. Revisión de valores y emociones para complementar con las creencias el reconocimiento de mi identidad. Esta revisión puedes hacerla a través de las herramientas que podrás encontrar Aquí-Emociones, Aquí-Valores. Entre las tres hay conexión.

2. Genera una lista de las creencias que observas en ti en cada área de tu vida para tener claridad en donde se requiere un cambio de perspectiva. Escribe en la lista tus: Creo que… Tengo que… Debo de… Yo Soy…. Y cuestiona si te aporta, genera amor, crecimiento; o destruye, limita, enferma, da rabia, causa tristeza. Pregúntate, ¿qué me mueve a creer en esto? ¿De qué me alejo, a que me acerco? ¿Qué me gustaría cambiar de mí misma (o)? ¿Hay algo que desee hacer y alguna de estas creencias no me lo permite?

3. Revisar las lealtades familiares apegadas a las creencias. Pregúntate, ¿a quien le eres leal en tu familia manteniendo esa creencia? ¿De qué manera inconsciente estas actuando como tu padre o como tu madre? ¿Sientes que tienes una deuda con ellos? ¿De quién sigues buscando su aprobación? ¿Estas proyectando culpa contigo misma, o hijos, por no satisfacer las necesidades de tus padres o de tu pareja?

4, Puedes realizar el ejercicio de las cuatro cajas de las creencias. Dibuja un cuadrado y divide en cuatro: Lo que creo y tengo/soy; Lo que creo y no tengo/no soy; Lo que no quiero creer y tengo/soy; lo que no quiero creer y no tengo/no soy. Escribir el titulo de tu creencia a según el cuadro y definir las acciones, actitudes, pensamientos, decisiones lo confirman. Para poder contestar tienes que reconocerte. Después, pregúntate ¿cuál de esas cajas tiene más influencia negativa en tu vida? Si la creencia a la que le brindas tu tiempo, tus pensamientos, tu amor ¿te lo devuelve de la misma manera? Por ejemplo, Si es el dinero, las cosas materiales, tu propia desvalorización, la actitud del otro en donde observas una sobre-valoración, y subvaloras la atención a lo que grita tu corazón, espíritu e intuición, pregúntate ¿cual es el beneficio que estoy obteniendo de mantener esas creencias? ¿cuál es el costo? ¿Cuál es el beneficio que obtendrías al hacer la inversión en la escala de creencia-valor?  La idea es mover nuestra atención a la intención. Transformar nuestras creencias actuales donde el enfoque son nuestros miedos, la ira o el sufrimiento, a una específica intención generadora de luz como el bienestar, la prosperidad, la salud, la armonía, el amor. Transformando nuestros pensamientos en intenciones se crearán nuevas pautas al actuar.

5. “El Trabajo” de Byron Katie. La autora norteamericana del proceso “The Work” nos invita a detectar un malestar general de alguna situación en nuestra vida y hacer una indagación que consiste no en abandonar los pensamientos, sino en comprender lo que es verdad para uno. Su trabajo utiliza el cuestionamiento a través de seis preguntas principales y la inversión.

¿Es eso verdad?

¿Tengo la absoluta certeza de que eso es verdad?

¿Cómo reacciono cuando tengo ese pensamiento?

¿Puedes encontrar una razón para renunciar a ese pensamiento?

¿Puedes encontrar una razón que no sea estresante para mantener ese pensamiento?

¿Quién serias sin ese pensamiento?

Haces la inversión.

Es un proceso que requiere de nosotros una total objetividad, honestidad y 0 aferramiento para encontrar su valor.

6. Reprogramación de Pensamientos a través de la Programación Neurolingüística. Un coach puede a través de herramientas como la Separación de Sinestesias, técnica de reimprontación, el meta-espejo, medición de confianza e importancia, estrategias de fracaso vs. Éxito, por mencionar algunas, acompañar a su cliente a observar la relación que tienen sus creencias con sus actos y a partir de ese reconocimiento experimentar una modificación y/o construcción de una nueva creencia que le sea útil.

7. Meditación y visualización. En ambas podemos enfocar nuestro pensamiento a soltar creencias y fluir. En el budismo se dice que “la auténtica visión intuitiva no puede darse en una mente que no está abierta para recibirla. La entrega es un proceso de vaciamiento de la mente.” Y esto es precisamente lo que queremos lograr a través de estas prácticas. En el internet hay un vasto contenido de material en forma de lectura, audio, y audiovisual que te puede ser de apoyo una vez hayas encontrado la creencia sobre la cual quisieras meditar y/o visualizar.

Conclusión:

Estamos en tiempos que nos piden un cambio individual, una revolución de conciencia para sanarnos a nosotros mismos y por consiguiente la sanación del planeta entero. Nos estamos dando cuenta que al igual que lastres como lo son las creencias limitantes también se encuentran en nuestro interior los recursos para transformarnos, las alas para volar. Hay que hacer espacio para lo nuevo. Y la manera es mirar hacia adentro, deshacernos de lo no necesario, de lo que no aporta valor y fluir sin resistencia al cambio. Escoger el amor, el bienestar, la prosperidad, la paz, el perdón, en vez del miedo, la ira, la victimización y el sufrimiento es una decisión humana. ¡Si tus creencias no te empoderan, cámbialas! El cambio radical se replicará en todas las dimensiones de tu vida.

¡Si deseas liberarte de creencias en un proceso de coaching contáctame Aquí! Me dará mucha alegría acompañarte.

Edith

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